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29 agosto 2013 4 29 /08 /agosto /2013 19:27

El miedo se presentó un día en tu vida, te pidió que mantuvieras unas cuantas conversaciones con él y te prometió que te cuidaría, que lo único que quería era protegerte, que no importaba cuanto sacrificio tuviera que hacer pero que su único objetivo era mantenerte a salvo. Fue acercándose más y más hasta ganar tu confianza. Así se metió en tu vida.

 

De a poco fuiste abriéndole las puertas de tu vida. Es fácil caer en ello cuando te prometen que te cuidarán del peligro y que te acompañarán incondicionalmente. El miedo te dice: “no importa cuanto te enojes conmigo, yo te protegeré y eso será lo mejor para ti’’ “si tu me haces casos siempre estarás a salvo”. Entre conversación y conversación el miedo fue convenciéndote de su voluntad, de su amor profundo por ti, de los cuidados que tendrías que tomar para protegerte del mundo, de los otros y de la vida misma.

 

El miedo te hizo creer que era tu amigo fiel, se hizo el bueno contigo para ganar tu confianza. En su afán de cuidados fuiste intensificando tu amistad con él. ¿Cómo no ser amigo de aquel que lo único que quiere es cuidarte y protegerte? El miedo te vendió la creencia de que quería siempre lo mejor para ti y tu fuiste confiando en sus palabras y en su “cariño”.

 

Un día como cualquier otro el miedo decidió avanzar sobre ti, ya estaba todo preparado para su gran asalto. El motín era tu vida. Él o tú. Ya no había lugar para los dos, tu lo tranquilizabas demasiado, lo aburrías y el necesitaba adrenalina para existir. Sin embargo necesitaba de tu consentimiento, ya que sin tu decisión él no puede proceder en tu mente.

 

Así empezó a multiplicar sus fuerzas. Inventó una cantidad de peligros para ti, te hizo creer todas las situaciones catastróficas que podrían sucederte si no lo escuchabas, te lavo la cabeza diciéndote que los médicos, los profesionales y la ciencia no eran validos en sus estudios, te metió en la cabeza que estabas en peligro pero que él estaba allí para ayudarte. Otra vez más volviste a confiar en él. ¿Cómo no confiar en el miedo que simplemente quiere cuidarte?

 

Así comenzó a advertirte catástrofes con más frecuencia, no hagas esto o aquello podría pasarte tal o cual cosa. Tu confiado no lo hacías. Mientras tanto en tus conversaciones con él le agradecías diciéndole: “menos mal que estabas tu para cuidarme, ¿qué hubiera pasado conmigo si no hubieras estado allí para decirme lo que tenía que hacer?”

 

 Al no ir en contra de lo que el miedo decía que tenías que hacer fuiste quedándote sin evidencias que lo  contradigan, eso aumentaba cada vez más tu idealismo frente a él. Fuiste aceptándolo más y más, respetaste sus opiniones y consejos, creíste en sus advertencias ciegamente, no lo desafiaste, no lo contradijiste, simplemente cumplías sus mandatos.

 

El miedo se aferró tanto pero tanto a tu vida que cuando descubriste que comenzaba a limitarla, que cuando te diste cuenta que te hacía sufrir ya estaba demasiado apagado a tu compañía. Cuando quisiste acordarte de que tenías deseos, objetivos y motivaciones él se apodero de tu mente, de tu cuerpo, de tus comportamientos y de tus emociones. Cuando tomaste conciencia del problema él ya estaba metido adentro tuyo controlando la vida.

 

El miedo te lavó la cabeza, te hizo ver cosas donde no las hay, te hizo pensar catastróficamente allí donde no existe tal probabilidad, el miedo te sacó de la realidad, te asustó para conseguir mas de ti.

  

 En más de una oportunidad quisiste alejar al miedo de ti,  en más de una oportunidad lo cuestionaste y lo desafiaste. Sin embargo cada vez que el miedo se enojaba contigo te generaba sensaciones tan desagradables en todo el cuerpo que te hacía sentir que algo malo iba a sucederte, que si seguías avanzando en su contra él te las haría pagar. En cada una de tus rebeldías el miedo te las hacía pagar con síntomas. Así fue apoderándose de ti.

 

El miedo creó en ti una persona temerosa, dependiente, con pensamientos catastróficos y obediente. El miedo siempre quiso más de ti. De amigo a enemigo. Lo has descubierto.  El miedo te está paralizando, estancando, atrapando. El miedo está allí tratando de agarrarse de tus emociones para alimentar su ego, para apoderarse de ti mismo, para robarte tu vida y quedársela para si.

 

 Ahora él está queriéndote convencer de que no hay solución, de que tienes que aceparlo en tu vida, que vivirá eternamente a tu lado y que por eso debes hacerle caso. El miedo se ríe por detrás, tu ves como el disfruta con tu sufrimiento, está ganando la batalla, está haciendo que te entregues a él, en cada susto que tienes tu desarrollas unas sustancias químicas indispensables para su vida y cada vez que te limitas él se apodera un poco más de tu vida. 

 

Estás desesperado, te sientes atrapado, ya no sabes para donde ir, que hacer, ni cómo afrontar esta situación. El enemigo esta en tu mente y cada vez que intentas desafiarlo te amenaza mostrándote los peligros que él mismo te generó para apoderarse de ti.

 

Sé que no es fácil, que no será de un día para otro, pero no dejes que el miedo gane la batalla. Si te dejas convencer por el miedo, él traerá a su verdadera amiga: la depresión. Y luego te hará el mismo jueguito, te convencerá de que no hay salida para que no sigas peleando con el miedo, para que finalmente te entregues a sus necesidades. Ellos juegan para el mismo equipo.

 

Debes volver a conectarte contigo mismo, debes volver a hablarte a ti mismo, no le creas a sus palaras, vuelve a confiar en tu criterio racional. Ellos sólo quieren que le des tu mente, ellos son sólo pensamientos parásitos que se alimentan de tu necesidad de seguridad, de tu necesidad de control, de la necesidad que ellos mismo te impusieron para quedarse finalmente contigo.

 

Empieza a desafiar al miedo, sé que no será sencillo, claro que te entiendo, el miedo te amenazará con sus síntomas y tú que has creído tanto en sus peligros te sientes vulnerable frente a sus enojos.

 

Recuérdate que sus reacciones son sólo protestas de enojo como de un chico llorando por perder en su capricho. Recuerda que el miedo tiene pensamientos excesivos, desmedidos e irracionales y que no ve la realidad de manera objetiva. Recuerda como te fue limitando, como te convenció de que si seguías sus pasos estarías a salvo.

Recuerda que él es tu enemigo y no tú, no te la agarres contigo, perdónate a ti mismo cuando las cosas no salen como lo querías, enójate con él, pero nunca contigo.

 

Anímate a cambiar; no le creas más al miedo con sus visiones de peligro catastrófico, ni a la depresión con sus creencias de que todo está perdido. Sal de ahí ya, no los alimentes más. Él te necesita a ti para existir, necesita que creas en sus pensamientos catastróficos para sobrevivir, de tus comportamientos limitantes para salvarse, de tu aislamiento para convencerte. Cuando el miedo proteste dale de su propia medicina, empieza a recuperar tu vida y cuando el miedo te avasalle recuerda como te domino con sus mentiras.

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Published by misarticulos - en Psicología
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